La puntuación varía según el estilo
de escritura; sin embargo, las diferencias de estilo que se
puedan presentar no eximen a nadie de cumplir con ciertas
normas
mínimas y de evitar errores generalmente considerados como
inaceptables. De ahí la importancia de conocer y aplicar
las normas básicas de la puntuación.
Fueron necesarios por lo menos quince siglos para que se
produjera la separación gradual de las letras de los
textos en palabras y frases. En los comienzos de la Edad Media se
adopto la costumbre de formar las frases en líneas
separadas; luego aparecieron la coma y el punto; posteriormente
se adoptaron las mayúsculas iniciales, los
paréntesis, la separación entre párrafos,
hasta llegar a la diversidad de signos que tenemos hoy. Este
desarrollo de
la puntuación hizo posible la aparición de la lectura
silenciosa a la que ahora estamos habituados.
Una buena puntuación asegura la adecuada
articulación de las unidades de significado que integran
una frase o un párrafo. Por eso los signos de
puntuación requieren un empleo muy preciso; si se ponen en
el lugar equivocado, las palabras y las frases dejan de decir lo
que el autor quería decir.


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